Lo que una terapeuta ocupacional quiere que los padres sepan sobre el movimiento de sus hijos

Lo que una terapeuta ocupacional quiere que los padres sepan sobre el movimiento de sus hijos

Una conversación con la Dra. Agnes María Valentín — OTD, OTR/L

Por Javier Burgos (Jak Vedfor) · Velite Fitness Center

Hay una frase que escuchamos todo el tiempo: "Mi hijo no le gusta hacer ejercicio."

Se dice rápido. Se repite fácil. Y muchas veces, se acepta sin cuestionarla.

Pero, ¿y si el problema no fuera falta de interés? ¿Y si el cuerpo de ese niño estuviera intentando decir algo que los adultos todavía no hemos aprendido a escuchar?

Esa pregunta me llevó a sentarme con alguien que ha dedicado su carrera a entenderla: la Dra. Agnes María Valentín, terapeuta ocupacional con doctorado, especialista en integración sensorial, terapeuta acuática, y fundadora de la Clínica Terapéutica Dra. Valentín en el Poblado San Antonio de Aguadilla.

Lo que empezó como una entrevista terminó siendo una de las conversaciones más reveladoras que he tenido desde que empecé Velite. Porque esta conversación no es solo sobre niños que se mueven poco. Es sobre cómo estamos criando, cómo estamos educando, y qué le estamos quitando a una generación entera sin darnos cuenta.

Antes de ser doctora, fue una niña que no paraba de moverse

Agnes supo a los 12 años que quería ser terapeuta ocupacional. Pero antes de eso, ya el movimiento estaba marcando su camino.

"Desde pequeña fui una niña súper activa. Jugué voleibol por muchos años, llegué a representar a la Universidad de Puerto Rico en la LAI, y también practiqué natación, boxeo y baloncesto. Siempre estaba moviéndome, explorando el cuerpo, el deporte y el agua."

— Dra. Agnes María Valentín

Cuando entró al bachillerato en psicología y luego al doctorado en terapia ocupacional, todo empezó a conectar. Quería una profesión que mezclara la parte física, mental y emocional del ser humano. Algo donde pudiera unir la psicología, el movimiento, el deporte y el impacto real en la vida de las personas.

Para completar su doctorado tuvo que irse de Puerto Rico, porque la isla todavía no cuenta con ese programa. Pero ese es otro de sus propósitos: que los futuros jóvenes que sueñen con ese título no tengan que abandonar la isla para lograrlo.

"La terapia ocupacional es muchísimo más que el agarre de un lápiz"

Le pregunté cómo explicaría lo que hace a alguien que nunca ha escuchado el término "terapia ocupacional", y su respuesta fue directa:

"Mucha gente todavía piensa que la terapia ocupacional es solamente trabajar el agarre del lápiz o ayudar dentro del área escolar. Y sí, eso puede ser parte de lo que hacemos. Pero no podemos seguir encajando la terapia ocupacional solamente al agarre del lápiz o a una cajita sensorial, porque nuestra profesión va mucho más allá."

— Dra. Agnes María Valentín

Los terapeutas ocupacionales trabajan con las ocupaciones: todas esas cosas que las personas necesitan, quieren o tienen que hacer para vivir con independencia. Y eso abarca nueve áreas: desde actividades de la vida diaria, educación y trabajo hasta juego, participación social, manejo de la salud y sueño.

No trabajan solo con niños. Trabajan con adolescentes, adultos y envejecientes, en escuelas, hospitales, clínicas privadas, centros de rehabilitación, programas acuáticos, salud mental e intervención temprana. La Dra. Valentín, por ejemplo, se ha especializado en terapia acuática, integración sensorial, Kinesio Taping y yoga para niños.

Su manera de resumirlo: "La terapia ocupacional mira al ser humano de manera completa. Miramos el cuerpo, pero también las emociones, el ambiente, la participación, la independencia y la calidad de vida."

Las dos señales que dicen lo mismo

Le pregunté cuál es la señal más común que le dice que un niño necesita moverse más. Su respuesta fue reveladora, porque no es una sola señal. Son dos. Y parecen opuestas.

La primera es la más obvia: el niño que está en constante movimiento. El que brinca, corre, se tira al piso, cambia de posición constantemente y parece que nunca se cansa.

Pero hay una segunda señal igual de importante que muchas veces pasa desapercibida: el niño que casi no se mueve. El que evita la actividad física, permanece sedentario, no explora su ambiente y pasa demasiado tiempo frente a pantallas.

"Ambos necesitan movimiento. Porque el movimiento es una necesidad biológica y neurológica para el desarrollo humano. Y honestamente, esto no aplica solamente a niños. Aplica a todos nosotros. Necesitamos volver a movernos."

— Dra. Agnes María Valentín

Y añadió algo que me quedó grabado: el movimiento no siempre se ve igual. Dependiendo de la condición del niño, a veces será completamente activo y otras veces será asistido o pasivo, como ocurre en terapia acuática. Pero independientemente de cómo ocurra, el movimiento sigue siendo esencial.

La conversación difícil sobre las pantallas

Cuando le pregunté qué pasa con los niños que pasan la mayor parte del día sentados o frente a una pantalla, la Dra. Valentín no se fue por lo fácil. Fue directo al impacto clínico, pero también al contexto humano detrás.

El cerebro de un niño aprende a través del movimiento, la exploración y las experiencias reales. Cuando esas experiencias se sustituyen únicamente por pantallas, empiezan a aparecer dificultades en regulación emocional, atención, tolerancia a la frustración, coordinación, fuerza, planificación motora, sueño y participación en actividades cotidianas.

Pero entonces dijo algo que cambió el tono de toda la conversación:

"También he aprendido a mirar más allá de la pantalla. La vida pasa. Las dinámicas familiares son complejas. Hay familias con múltiples hijos. Hay padres criando solos. Hay cansancio físico y emocional. Y muchas veces ese ratito con la pantalla quizás es el único momento que una mamá o un papá tiene para respirar, cocinar, trabajar o simplemente tomar una pausa mental."

— Dra. Agnes María Valentín

Su posición no es eliminar las pantallas por completo. Es asegurarse de que no sustituyan las experiencias reales que el cerebro y el cuerpo necesitan para desarrollarse. No desde el juicio. No desde la culpa. Desde la educación y el acompañamiento.

No tenemos cinco sentidos. Tenemos ocho.

Esta fue la parte de la conversación que más me sorprendió. Desde la escuela nos enseñan que tenemos cinco sentidos: vista, oído, tacto, gusto y olfato. Pero desde la teoría de integración sensorial, son ocho. A los cinco tradicionales se suman tres que la mayoría de personas desconoce: el sistema propioceptivo, el vestibular y el interoceptivo.

La Dra. Valentín explicó que de esos tres, hay uno que tiene un impacto directo en cómo nos sentimos después de hacer ejercicio: el sistema propioceptivo.

"El sistema propioceptivo tiene receptores en nuestros músculos y articulaciones, y es el que le dice al cerebro dónde está nuestro cuerpo, cuánta fuerza estamos utilizando y cómo movernos de manera organizada. Pero además de eso, es un sistema REGULADOR. Por eso actividades como brincar, correr, empujar, cargar peso, treparse y nadar ayudan a regular el sistema nervioso. Y esto aplica a TODOS los seres humanos."

— Dra. Agnes María Valentín

Eso explica por qué tantas personas se sienten mejor, más calmadas y más organizadas después de entrenar. No es solo por las endorfinas. Es porque el sistema nervioso recibió el input propioceptivo que necesitaba para regularse.

Cuando entiendes esto, dejas de ver el ejercicio solamente como "actividad física" y empiezas a entenderlo como regulación para el sistema nervioso central.

No es casualidad que su movimiento educativo y su línea de merch se llamen "Revolución": buscan revolucionar la percepción errónea que la mayoría tiene sobre los sentidos y la integración sensorial.

"Estamos convirtiendo el deporte infantil en algo demasiado intenso, demasiado temprano"

Le pregunté a qué edad debería empezar la actividad física estructurada. Pero su respuesta fue más allá de una edad, y tocó algo que muchos padres no quieren escuchar.

El movimiento empieza desde bebés: tummy time, alcanzar juguetes, rodar, gatear. En preescolares, el enfoque debe ser juego activo: correr, brincar, treparse, bailar, nadar, explorar parques. Pero hay un problema cuando ese juego salta demasiado rápido a la competencia:

"Muchas veces estamos poniendo demasiada presión en niños demasiado pequeños. Estamos hablando de edades de 4, 5, 6 y 7 años, y a veces convertimos el deporte en algo demasiado intenso demasiado temprano. En ocasiones el adulto termina viviendo el deporte desde sus propias expectativas y emociones, y sin querer dejamos a un lado algo bien importante: permitirle al niño simplemente ser niño."

— Dra. Agnes María Valentín

A esas edades, el movimiento debería estar enfocado en explorar, disfrutar, socializar, desarrollar coordinación, ganar confianza y moverse por placer, no por rendimiento. El exceso de presión puede terminar alejando a los niños del movimiento en vez de acercarlos.

Y recalcó algo que me pareció fundamental: el movimiento debe adaptarse al niño, no el niño al movimiento. Hay niños que aman deportes de equipo, otros prefieren actividades individuales, y hay niños con diferentes diagnósticos donde el movimiento será asistido, adaptado o terapéutico.

La generación ansiosa: un llamado a la acción

Le pregunté cuál es el error más común que cometen los padres, y su respuesta fue inesperada. No habló de errores. Habló de responsabilidad colectiva.

Mencionó el libro The Anxious Generation, que analiza cómo estamos viendo una generación cada vez más ansiosa, más sedentaria y menos expuesta al juego real y a la independencia. Pero no señaló solo a los padres:

"Honestamente, creo que muchos adultos también somos parte de esa generación ansiosa. Hoy día vivimos con mucho miedo. Miedo a que el niño se ensucie, se caiga, fracase, se frustre, trepe, corra o tome riesgos apropiados para su desarrollo. Y muchas veces, sin darnos cuenta, detenemos a los niños antes de que puedan explorar."

— Dra. Agnes María Valentín

"Bájate." "No corras." "No brinques." "No te ensucies." "Ten cuidado." Frases que vienen desde el amor, pero que en exceso pueden limitar el desarrollo de confianza corporal, regulación, coordinación y autonomía.

Su mensaje no fue de culpa. Fue de conciencia: los niños necesitan correr, brincar, explorar, treparse, experimentar texturas, aburrirse, inventar juegos y aprender sobre su cuerpo. Y sí, eso incluye pequeños riesgos apropiados para su edad. Porque el movimiento desarrolla mucho más que músculos: desarrolla regulación emocional, tolerancia a la frustración, creatividad, seguridad corporal y autoestima.


El movimiento no es un premio después del aprendizaje. Es lo que prepara el cerebro para aprender.

Cuando le pregunté si hay conexión entre dificultades de aprendizaje y falta de actividad física, fue clara en que no es tan simple ni tan blanco y negro, pero sí hay un vínculo que estamos subestimando.

Sistemas como el vestibular y el propioceptivo juegan un rol enorme en atención, regulación y preparación para el aprendizaje. Muchos niños necesitan movimiento — brincar, correr, empujar, cambiar de posición — para que su sistema nervioso pueda organizarse y mantenerse disponible para aprender.

"Muchas veces esperamos que niños pequeños permanezcan sentados, quietos y regulados por largos periodos de tiempo cuando biológicamente sus cuerpos están pidiendo movimiento. Y el movimiento no es un "premio" después del aprendizaje. Muchas veces es precisamente lo que prepara el cerebro para aprender."

— Dra. Agnes María Valentín

Y añadió algo que debería escucharse en cada escuela: el acceso a un gimnasio sensorial en las terapias o la escuela no debe usarse como incentivo. El movimiento es una necesidad neurológica, no una recompensa.

"No es que no quiere. Es que su cuerpo está procesando diferente."

Hay algo que muchos padres, entrenadores y maestros repiten sin saberlo: "Es que no quiere." "Es que es vago." "Es que no le gusta hacer ejercicio." Pero la Dra. Valentín explicó que muchas veces el problema no es falta de interés. Es cómo el sistema nervioso de ese niño está procesando la información sensorial.

Hay niños que rechazan actividades físicas porque el movimiento les genera inseguridad o desorganización neurológica. Otros evitan actividades porque tienen dificultades de coordinación y lo que para otros niños parece sencillo — atrapar una bola, correr en grupo — para ellos es extremadamente frustrante. También hay niños con defensividad táctil que rechazan arena, grama, agua o sudor, y niños con hipersensibilidad auditiva para quienes el ruido de una cancha se vuelve insoportable.

"Cuando entendemos integración sensorial, dejamos de ver al niño como "problemático" y comenzamos a entender que quizás su cuerpo simplemente está teniendo dificultad procesando la información sensorial. No se trata de obligar al niño a participar. Se trata de acompañarlo, entenderlo y ofrecerle experiencias graduales, seguras y reguladas."

— Dra. Agnes María Valentín

Por qué esta conversación le importa a Velite

Le pregunté qué opinaba de que un gym como Velite promueva la actividad física familiar, no solo individual. Y su respuesta conectó todo:

"Cuando las familias se mueven juntas, no solamente están trabajando el cuerpo físico; también fortalecen vínculos, rutinas saludables y bienestar emocional. Los niños aprenden muchísimo desde el modelaje. Cuando ven adultos que disfrutan moverse y cuidar su salud como parte de su vida diaria, eso tiene un impacto enorme en cómo perciben el movimiento y el ejercicio."

— Dra. Agnes María Valentín

Y eso es exactamente lo que estamos construyendo en Velite. No un espacio donde solo vienes a levantar pesas. Un espacio donde el movimiento se entiende como conexión, regulación, salud mental y creación de hábitos saludables desde la infancia. Donde movernos juntos — como familia, como comunidad — sea lo normal.

La clínica que lleva el apellido de su padre

En 2024, su padre recibió un diagnóstico de cáncer. En ese momento, la familia se reunió y tomó una decisión: no dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Ese fue el punto de partida para que la Clínica Terapéutica Dra. Valentín empezara a tomar forma.


Agnes vivió nueve años fuera de Puerto Rico. Pero regresó. Y entre 2024 y 2025, junto a su familia, atravesaron procesos, remodelaciones, permisos y compras. Cada caja que llegaba no era solo un material terapéutico:

"Era el reflejo de las noches desveladas de mami estudiando con nosotros, del overtime de papi en el trabajo, de los sacrificios para darnos educación, oportunidades y herramientas para soñar. Era honrar su esfuerzo, su trabajo y la forma tan honrada y humilde en que nos criaron."

— Dra. Agnes María Valentín

En 2026 lograron abrir en el Poblado San Antonio de Aguadilla — el pueblo que la vio crecer. Y aunque el deterioro de su padre fue progresivo, nada la llena más que saber que pudo ver la clínica abierta, entrar a un espacio que lleva su apellido y honra su legado.

Lo dijo con una convicción que se siente: "Antes de ser terapeuta ocupacional, soy hija."

Un mensaje para los padres del oeste

Le pedí que cerrara con un mensaje para los padres de Aguadilla y del oeste. Esto fue lo que dijo:

"Muchas veces detrás de una conducta hay un sistema nervioso intentando comunicarse. Los niños no necesitan ser perfectos para merecer apoyo, comprensión y oportunidades para desarrollarse. Quisiera recordarles la importancia del juego, el movimiento y la conexión humana. A veces las estrategias más poderosas siguen siendo las más simples: jugar, movernos, respirar, conectar y compartir tiempo de calidad. Y algo bien importante: no están solos. En nuestra comunidad hay profesionales y espacios comprometidos con apoyar a las familias."

— Dra. Agnes María Valentín

Esa es la conversación que estamos abriendo en Velite. No porque sea fácil. Porque es necesaria.

 

Dra. Agnes María Valentín · OTD, OTR/L · Aquatic Therapist · Certified Kinesio Taping Practitioner · USC Chan Sensory Integration

Clínica Terapéutica Dra. Valentín · Poblado San Antonio, Aguadilla, Puerto Rico

Instagram: @dr.valentin.com  ·  Web: clinicavalentin.com

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